Una historia en el Senado

En mi primer día como senador entré al Congreso en Valparaíso por la puerta principal. Me llamó la atención que los trabajadores ya me conocieran. Bienvenido, senador Castro, me decían a medida que avanzaba, con gestos de reverencia que creo innecesarios. Me dirigía a tomar uno de los ascensores y amablemente un señor me dice, “estimado, senador, usted debe usar el del frente que es exclusivo”.

Llegando a mi oficina me esperaba mi equipo. En mi escritorio jugo de naranja natural, de ese exprimido 100% vitamina, fruta y varias exquisiteces. Luego mi secretaria me pregunta si estoy conforme con los muebles, si era de mi agrado el sillón, las cortinas, la alfombra, y que si algo no me gustaba, bastaba una llamada para hacer los cambios. En fin… Así fueron mis primeros 20 minutos en mi nuevo lugar de trabajo.

Los primeros días fueron de aprendizaje: mucha lectura, largas jornadas de estudio con mi asesor legislativo, y escuchando atento en las sesiones a los más experimentados. La verdad es que el tiempo se hace poco entre Valparaíso, Santiago y el Maule, siempre hay muchas actividades y nos mantenemos bastante ocupados, lo que no quiere decir que avancemos de la manera que me gustaría, hay mucho protocolo y largos procesos que creo podrían ser más expeditos.

Así pasaron algunos meses y llegó el día de presentar el primero de mis proyectos: limitar las reelecciones. Siempre he pensado que la perpetuidad en los cargos no es buena para la política, y se necesita renovación e ideas innovadoras. Por lo mismo, junto a mi equipo, tomamos la dedición de presentar esta moción. La motivación nos movía, hicimos consultas ciudadanas, varios medios se interesaron en el tema y otros senadores también se sumaron. Todo bien, hasta ahí.

Pasaron algunas semanas y recibí un oficio, el cual decía que debido a numerosas urgencias que ha hecho presente el Gobierno a diversas iniciativas, la agenda legislativa se encontraba muy recargada, por lo cual aún no se podía estudiar nuestro proyecto. Se entiende que en toda institución hay prioridades, pero creo que todos los proyectos, hasta los más pequeños, deberían tener importancia. Es así como muchos quedan en un cajón, se olvidan y nunca se concretan.

Hago saber esto como una crítica constructiva, pues creo que tantos privilegios y comodidades que tenemos los senadores, no se justifican si no podemos concretar acciones que vayan en directo beneficio de los chilenos. Mi primer proyecto presentado aún no es estudiado por la comisión, debemos seguir esperando. Además ya presenté una segunda moción sobre educación financiera, para así poder bajar el número de deudores en el país, cifra que alcanza alrededor del 70% de las familias chilenas.

Tengo la convicción de que nuestras propuestas sí se verán concretadas, porque insistiremos, no nos quedaremos sentados esperando. Como fui alcalde de Talca por ocho años, tal vez estaba acostumbrado a un ritmo mucho más dinámico, a tomar decisiones inmediatas que hacían realidad obras concretas. Hoy, en mi nueva labor, tengo claro que para alcanzar un objetivo, el camino y los procesos son demasiado diferentes a los que estaba acostumbrado, pero con trabajo, esfuerzo y dedicación es imposible no ver concretado un proyecto.